1. Bajo consumo de energía. Se trata de la tecnología de iluminación con menor consumo de energía del mercado.
2. Ahorro económico. Al cambiar una iluminación comunitaria con luz halógena o incandescente por iluminación LED, se pueden conseguir ahorros de más del 70% en la factura de la luz.
3. Mayor tiempo de vida. Pueden llegar hasta las 45.000 horas de uso. Dependiendo de si es un uso continuo (como parkings) o un uso parcial (espacios comunitarios unas 8 horas al día) puede llegar a durar más de 15 años.
4. Encendidos y apagados. Resiste muchísimas veces más los encendidos y apagados que las bombillas tradicionales. Y este no afecta a su rendimiento.
5. Colores que no pierden el tono. Su índice de fidelidad es de aproximadamente de un 80% y es posible configurar la luz mediante un controlador para escoger la tonalidad del color según la circunstancia.
6. No pierden intensidad. A lo largo de su vida útil no pierden intensidad lumínica, por lo que mantienen la fidelidad de luz y potencia.
7. Tamaño reducido. Los LED son chips que se montan sobre una placa, por lo que facilita muchísimo su instalación en lugares de difícil acceso.
8. Más resistente. No dispone de frágiles filamentos que se puedan romper fácilmente, además no necesita vidrio y esto ayuda a que no sea tan frágil como la iluminación tradicional.
9. Fácil instalación. En la mayoría de los casos, se pueden sustituir por remplazo directo, y se pueden regular y orientar de manera cómoda.
10. Poca emisión de calor. La eficiencia eléctrica del LED hace que más del 80% de su energía se convierta en luz, por lo que prácticamente no emite calor.
11. Menos contaminante. No contiene mercurio ni tungsteno. Es posible reducir las emisiones de C02 hasta en un 80% dependiendo del tipo de iluminación utilizada. Por lo que aparte de conseguir un mayor impacto económico, podrás estar orgulloso de estar consiguiendo un ahorro ecológico.
12. Reduce el ruido en las líneas eléctricas.
13. Tiempo de encendido muy breve. Encendido instantáneo y a máxima potencia